paseos por meliquina

CONTRASTES DEL LAGO MELIQUINA

DESAYUNO FRENTE AL LAGO
Al despertarme por la mañana, observe el hermoso día de sol y decidí ir a desayunar al lago. Prepare mi equipo de mate, unas galletitas y salí rumbo a la  playa.  Estaba fresco y el lago se encontraba muy calmo, solo había una leve brisa.  Me senté junto en un árbol seco que yacía en la playa y disfrute de la vista de las montañas en el horizonte y de los reflejos en el agua.
Entre mate y mate en soledad, admire y goce del paisaje que tenia frente a mis ojos.

CIELO AZUL SIN NUBES
A media mañana, la temperatura subió y el calor hizo notar. Decidí entonces refrescarme los pies en el lago. La temperatura del agua era ideal, la claridad era perfecta: se veían mis pies aun estando con el agua hasta la cintura.  Mientras tomaba sol, acostado miraba el cielo de un día radiante; azul intenso y ninguna nube invitada a participar.

LA SORPRESA DEL VIENTO
Cercano al mediodía, el viento se hizo sentir en mi cara.  El lago me sorprendió con su otra faceta: sus olas, como las del mar, iban y venían. El fuerte ruido de las mismas se hacia escuchar al golpear y arrastrar con ellas las piedras de la playa.  Aproveche para tomar unas fotografías, era la primera vez que veía el lago de esta manera.  Era ¨el mar de Meliquina¨.
Me quede escuchando su sonido, su fuerza y contemplando sus olas hasta la caída del sol. Fue increíble.

Texto Victoria Marcone
Fotografías César A. Severa

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