excursiones por meliquina

EL ESPECTACULO DE LA NATURALEZA

LOS RAPIDOS DEL RIO CALEUFU
Junto a cuatro familias disfrutamos de un río maravilloso con rápidos y saltos de agua, donde nos divertimos saltando en sus pozones de agua y dejándonos arrastrar por sus rápidos. Un verdadera maravilla a pocos kilómetros de la Villa Lago Meliquina.

SIN SEÑALIZACION
Otro sitio muy recomendado por los lugareños, es el río Caleufú y sus rápidos, lugar no indicado en ningún mapa. Fuimos advertidos de que el acceso era a través de una estancia, por lo tanto debíamos ser muy cuidadosos con el entorno y sólo acceder caminando. Hacia allí nos dirigimos cuatro familias de aventureros deseando conocer el lugar, que no habíamos advertido al llegar a la Villa.

¡SORPRESA!
El sitio no esta señalizado sobre la ruta y la referencia era detenerse en una tranquera de la estancia San Jorge, a un kilómetro aproximadamente, después de haber pasado el desvío a la ruta provincial 64. Allí debimos dejar los autos y una vez cruzada la tranquera, caminar unos 200 metros buscando el río. Grande fue la sorpresa al descubrir desde lo alto del camino, el río caudaloso que corría encajonado sobre un lecho de piedras bordeado de grandes rocas.

UNA META… BAJAR
Debimos reconocer el lugar para elegir el sendero menos riesgoso: más ancho y menos empinado para descender. Finalmente encontramos uno, que para alegría de todos, contaba con algunos escalones hechos precariamente con troncos. Descendimos alrededor de 30 metros, hubo bromas y algún tropiezo, pero finalmente todos lo logramos.
El radiante día de sol, nos exigió buscar un lugar al reparo para almorzar y descansar. Mientras comíamos unos sándwiches, vimos que muy cerca nuestro, el río encajonado formaba un gran pozo de agua tranquila, que se transformo en nuestra ¨pileta de agua verde”. Allí jugábamos a saltar desde una roca al agua mientras nos sacaban fotos para registrar nuestras piruetas.

VIVENCIANDO LOS RAPIDOS
Caminando por la orilla rocosa descubrimos un pequeño rápido, que reconocimos como poco riesgoso dado que allí era profundo. Queríamos que la corriente nos arrastrára hacia ese pozo de aguas tranquilas. Así, comenzó otro de los juegos; uno a uno, desde los más audaces hasta los más temerosos del grupo, nos largamos para disfrutar de esa inigualable sensación. Luego algunos usando antiparras encontraron truchas nadando en el fondo del rió, las cuales también se observaban a simple vista desde la orilla.

EL GRAN SALTO
Con ganas de seguir recorriendo este lugar de ensueño, caminamos río abajo. En fila india bordeábamos el río, y el primero nos daba gritos de aliento para seguir, pues el espectáculo de los rápidos y los saltos era aun más atractivo.  Llegamos a un gran salto donde el río ensancha su cauce. Seguimos divirtiéndonos; algunos dejándose llevar por la corriente, otros refrescándose en la orilla y los más audaces, usando una roca de trampolín, se arrojaban al río.
Así llego el atardecer, y en un merecido descanso sobre las rocas, armamos una gran ronda, donde se intercambiaban varios mates. Todos estábamos de acuerdo en que este paseo era el más espectacular y divertido que habíamos visitado durante nuestras vacaciones.

Texto & Fotografías César A. Severa

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